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Quiero comerte la cara, quiero besar tu boca y que me susurres guarradas. Estás enseñándome el lado bueno de las cosas y tengo miedo de que si te vas te lleves todo lo bonito que ahora veo. También estás rellenando todos y cada uno de mis espacios en blanco, esos que hacen de las personas seres incompletos, y creo que es una buena forma de decir que en gran parte me completas. Haces que crea que existen oportunidades para mi, y que algo bueno puede pasarme, haces que crea en mi, y no sabes el tiempo que llevaba sin hacerlo. Y desde ahora creo que no hay nada más bonito que encontrarme tu mirada buscándome por todo el vagón del tren. Camino a Madrid, nuestro pequeño secreto, Gran Vía nuestro colchón y Callao, las mejores vistas, a menos kilómetros del cielo que del suelo, volando de noche y durmiendo a tu lado. Flotando entre sábanas y besándote a oscuras. Juego de madrugada, por el que apostaría mi vida todas las noches. 
Haces de cada calle el lugar ideal para devorarte, para abrazarte, para quererte.
Pero es que quiero comerte la cara y besar tu boca, es todo lo que quiero hacer en el mundo. Cuando paseo distraída y me agarras la mano, creo que he nacido para eso.
Y aunque esto es todo lo que soy, tú aún así me miras fascinado pidiéndome más, creyendo en mi y creo que es justo eso lo que me está enamorando.
Estás curando mis cicatrices, esas que tú no ves, pero que a mi jamás me dejarán ser perfecta y esa es una de las millones de razones por las que me tienes absolutamente cautivada.
Ojalá no te acabes nunca.

JKX.

Un mes después he vuelto a pasar por tu casa, no estaba tu coche, supongo que no estabas. Creo que ya no vive nadie allí, ni si quiera tú. Me aterroriza no saber en que parte de la ciudad descansa tu corazón cuando te vas a dormir, cuando no piensas en mi. También me da pena que tantos recuerdos se olviden en una casa ahora vacía, donde fui feliz, donde me contaste tantas mentiras. Quiero saber donde es que ahora las llevas a ellas o solamente a ella, si es que tu cabecita de niño en un cuerpo demasiado maduro a empezado a aprender y a dejar de marcar pieles una noche sí y quizá otra también. 
Intento no pensar demasiado en ti cuando camino por la ciudad y paso por aquellos lugares donde casi fuimos felices, donde nos besamos y donde descubrí tantas cosas de ti. Nunca fui demasiado buena disimulando que me importas, mucho menos ahora. Pero aveces me permito recordarte, y está bien. Voy progresando. También recuerdo tu tatuaje.
Por cierto, ahora tampoco me gustan las penumbras, siento que nunca llegarán a ser tan buenas y bonitas como las de tu habitación, allí fui feliz y saber que no volveré me da rabia, pero es que quizá simplemente es que ahora prefiero la oscuridad. Me jodiste el color naranja y ya no me gusta ni en mi pelo, incluso eso se enlaza de forma rebuscada contigo, aunque tú no lo veas, ya sabes, yo si. Tan cálido como un abrazo, tan ardiente como el sudor corriendo por tu espalda, ahogándome, recuerdo que eso te ponía cachondo. ¿Aún lo hace?
De vez en cuando voy distraída y se me sienta un hombre al lado en el tren que lleva tu misma colonia o caminando por la calle, el otro día casi lloro, pero lo estoy intentando llevar mejor, en parte lo agradezco, identificarte con un olor significa que has existido, que no te he inventado.
Con tu coche el problema es peor, vaya donde vaya hay coches blancos y de la misma marca, aveces pienso que se colocan malignamente a mi al rededor, pero nunca tienen tu matrícula, nunca eres tú el conductor.
Echo de menos incluso tu malos pelos rizados, toda tu altura y verte caminar. Allí donde eres, todos te quieren, los haces sentir como en casa, todos te pueden ver, y todos te prefieren. Eres como un deseo que se cumple, iluminas, y no se si eso lo sabes.
¿Te acuerdas de tus prisas por llevarme a tu casa? Yo estaba nerviosa, espero que no lo notaras, aunque ahora ya que más da. Pero incluso de esa primera noche, me gustó tu forma de echar el humo de tu cigarro. 
Lo siento por el daño que te hice después, en mi cabeza suena aún tu voz rota y el portazo de la puerta. Lo siento de verdad, espero que al menos eso me lo puedas perdonar.
¿Sabes otra cosa? No hay ni un solo día que no lea o escuche tu nombre, es como un talismán, que duele, pero si escuece es que está curando.
Quizá un día me llames y me digas que te apetece verme. Se que no lo harás. 
No te preocupes, seguiré buscándote en otros besos.

Bihotza

Podría escribir las palabras más tristes esta noche, 

decir que me dejaste de querer,

que nunca lo has hecho. 

Podría romperme en pedazos y pensar, 

quizá, que el tiempo se detiene así, 

que un día formas parte de la vida de alguien

y que con el tiempo ya no.

Lo que está no siempre permanece y que en esa parte siempre lloro yo. 

Que este corazón ya no me funciona

y la paradoja está en que tú acabaste siendo la anilla

 de la granada que acabé siendo yo.

Aunque supongo que nuestra forma de destruirnos 

decía más que nuestra forma de querernos, 

pero hubo un tiempo en el que hablabas de frío sin haberme besado aún.

Y tú mismo sabes que jamás habrá unas manos que me tranquilicen como las tuyas,

pero también que ya nunca volveré a ser o sentirme eterna, 

porque cuando nos rompen el corazón dejamos de serlo.

Amor, yo ya no quiero mis ojos si no te puedo ver, 

y no estás aquí, no así, no como antes

No hay abrazos suficientes para quitarme el frío,

ni yo tengo ya suficiente aliento para escribirte en vaho 

que mi vida estaba a tu nombre y que en cierta parte, 

siempre lo estará. 

Finalmente me convertí en mi peor pesadilla, 

soy la chica triste con el corazón roto. 

Ay mi vida, te pasaría a buscar y haría que todo volviera a estar bien, 

pero ambos sabemos que si no se cuidar algo, nunca lo podré tener. 

Por último decirte que ya no hay en el mundo una chica más miedosa que yo, 

porque despedirme de ti con los ojos cerrados 

me pareció la forma 

más bonita 

de tener miedo.

Apología de tus no.

Te dejaré ir, 
si es que tú no te quieres quedar. 
Si es que ya no puedo hacer nada 
para que te quedes.
 Y he estado pensando que beber un poco de más 
nunca viene mal, 
si al menos con eso te puedo olvidar, 
cegarme los ojos (o tratar de arrancarlos)
 para así no ver 
que tú nunca serás para mi.
 Que las palabras se anudan
 y se esconden de tal forma que yo jamás
 te lo podré decir. 
Que las cosas se consiguen con esfuerzo e intentos, 
pero yo ya tengo agujetas en el corazón
 de intentarlo tantas veces.
 Puedes decirme que te vas y que no vas a volver, 
pero siempre quedará en mi la esperanza de volverte a ver,
 hasta el día que no lo haga 
y me vuelva loca.
Apuñálame y sácalo, 
todo lo que pude darte
 y a penas te di.

Vista al pasado, el que ya no regresará. Porque ninguno de los dos vamos a volver a pensar así.

Me he ido tantas veces que cualquiera se hubiera vuelto loca, pero ella siempre ha estado ahí para verme volver, con su sonrisa tímida y sus ojos grandes. La he hecho tanto daño que cualquiera se hubiera roto, pero ella siempre me recibe con un 'no vuelvas a irte nunca' aún sabiendo que lo haría. Pero no sé, por muchas veces que lo niegue, por muchas veces que la diga que no y por muchas veces que la parta el corazón, ella siempre será mía, siempre seré yo el que se lo arregle. Hay atardeceres que pasaría en sus ojos, y hay días que no la quiero ni ver, pero pase lo que pase ella seguirá estando para mi, al igual que yo siempre volveré por ella. La he dicho tantas veces 'se acabó' que cualquiera se hubiera dado por vencida, pero ella sigue ahí, esperando por mi. La he hecho tantas veces mía, que mi piel huele a la suya, y sus besos saben a mi. La he querido tantas veces, que solo respiro si me mira. 'Por ti no me hubiese cansado de esperar', dijo el último día que volví. Y que verdad fue, que desde entonces no me volví a alejar, por su risa tonta, sus caras raras, su mal genio, sus días tristes y a medias, cuando sonríe y el tiempo se congela, su olor, su pelo, su voz. Desde ese día comprendí, que aún que vivía mejor solo, ella era la mejor parte de mi soledad, porque sin ella estar solo daba miedo.

Ni ser ni ganar.

He vuelto a pensar en ti,
como solía hacerlo, sin puntos, sin comas.
He vuelto a pensar en ti,
como no lo hice con nadie.
He vuelto a quererte en voz alta y 
odiarte en silencio
He caído muchas veces y de esta no me levanto
no es un aviso,
es una amenaza.
He creído en ti,
como solía hacerlo.
Para de hablar y cállate,
por que mi reloj se ha parado
en tus ojos.
Pero sigues sin entenderlo,
y es que
yo ya no seré
si no es
contigo.

H.

Voy a quedarme encerrada en tu corazón un rato más, al menos aquí puedo respirar. La extraña forma en la que tus ojos adornaban mi cuerpo, por querernos tan poco y tan mal. Por darme todo lo que tenias, sin pedir nada a cambio. «Cuándo te echo de menos pongo a sonar tu canción.» No te vayas nunca de mi lado, porque sin ti no puedo ni dormir. Y son estas paredes rojas, las que me hacen querer quedarme aquí por siempre. Y bésame muy fuerte si lo que quieres es irte. Quizá nunca nadie llegue a ser tan perfecto para mi como lo eres tú. Tus manos agarrando las mías, no hay frío. Quiero que te quedes conmigo para siempre, quédate conmigo para siempre. Déjame suspirar una última vez en tu cuello, porque es todo lo que quiero. Pero moriría atardeciendo en la forma en la que sonríes y veo todo lo que quiero en este mundo. Cuándo el sonido de tu risa me adormece, pura droga. Y toda tu altura me estremece, tus malos pelos, tus ojos reluciendo reflejados en los míos. Porque eres como una noche en Los Ángeles. Y aunque tú no, yo voy a quererte siempre. 

Ser, Ganar.

Desnúdame, porque ya no soy nada, no quiero ser nada. He intentado buscarte, pero en el intento me he perdido a mi, y ahora simplemente no soy nada. Me he tatuado tu nombre en los parpados, para poderte ver cada vez que cierro los ojos. Hay abismos encantadores y bonitos, pero el de tu perdida es aterrador. También he intentado grabarme a navaja tus besos por todo mi cuello, pero tengo miedo de morir en el intento. Y cuanto más duermo, más te echo de menos, porque mi cama huele a ti, mi almohada huele a ti, toda mi habitación huele a ti. De que forma tan estúpida te he dejado ser todo a cambio de nada, pero en mi defensa diré, 'estaba enamorada'. Y me he dado cuenta de que es más fácil sentir dolor que dejar de hacerlo. Te necesito para que me quieras, para que cuides de mi.

En los tejados más altos de Madrid.

Se acostumbró desde muy joven a los placeres de la vida. Cafés calientes mientras veía amanecer desde un piso muy viejo, muy alto y muy en el centro de Madrid. Noches largas con finales a huidas. Y su pecho se convirtió en poesía para muchos hombres, 'Bécquer' se escribió bajo el izquierdo para siempre.  Solía portar medias sonrisas, aun que estaba acostumbrada a los palos de la vida, salía y se divertía, era feliz. Siempre tan distante y bohemia, alma en pena. Y estaba loca, pero era preciosa. Tenia cicatrices, joder que si las tenía, las peores que he visto, pero aun así seguía. Y peleaba y sabia como hacerlo, y luchaba, luchaba como nadie por salir de su mierda, pero no salia, creo que en parte se cansó, y ahora la comprendo. Tenía los ojos más bonitos y la sonrisa más triste, pero era guapa, joder, era perfecta. Se comía el mundo por pura resistencia, se negaba a que el mundo la comiese a ella. Era rara, la chica más rara que conoceré jamás, pero era increíble, con sus manías, sus defectos y su forma de ser al margen. Viajaba en metro pero no tenía prisa, recorría la ciudad de estación a estación. Y la conocían porque se dejaba la piel bailando en cualquier garito de Madrid. Y volvería a perseguirla desde Atocha hasta Preciados por pasar una noche más en su cama. No había pretextos, era como un libro sin prólogo, como un domingo de sol por El Retiro, era especial, era única. La recordaré siempre por las mil veces que la hice mía y las mil y una que se me escapó. Siempre será joven y vivirá rápido, jamás recordará las noches y mucho menos las madrugadas. 

Me aterra perderte, perdernos.

Puedo notar la lluvia caer sobre nosotros,
pero tus ojos me gritan: quédate.
Mi pulso se pierde y voy empalideciendo.
Tus labios, aquellos mundos misteriosos en los que yo
simplemente podría terminar mis últimos días.
Sin ganas de escapar, sin ganas de alejarme de ti,
de tu vulnerable y misera existencia.
Capas de dolor que nos envuelven y protegen,
que ironía, el dolor pasado nos protege del futuro.
Pero estoy aquí y tú me estás mirando,
siempre. 
Nunca te alejes, nunca dejes de suspirar,
que tu aliento siempre me embriague y haga de mi
la muchacha más débil y sumisa de la tierra.