Y si se quería destruir a si misma, ¿que la iba a quedar?

Y por fin se sentía querida, seguía siendo un desastre y se odiaba por sus mil defectos sin ver sus millones de virtudes. Pero se despertó aquel viernes y se sentía querida. Como si hubiese perdido muchas cosas, pero era libre y esa sensación la recordaba al amor. Y se repitió 'ahora todo va a ir mejor' y se lo creyó. Creyó en si misma y se sentía querida. Estaba sola, como todas las madrugadas y atardeceres anteriores, pero no le importaba, estaba en éxtasis, y sentía que podía con todo. Era feliz, te lo juro. Vi su sonrisa y brillaba más que ninguna. Estaba preciosa aquel viernes. No tenía a nadie, pero por un día la dio igual, pasaría muchas noches en la cama llorando en su propia amargura y en su propio intento de matarse a dolor, pero ese día bebió y rió. Corrió por las calles y yo la vi correr. También se corrió, disfrutó de su cuerpo porque era perfecta y yo disfruté de él también. 
Pero no, ¿a quién quiso engañar? Llegó el sábado y lo volvió a ver todo con más claridad. Se dio de golpe con la realidad. No la quería nadie. Y estaba sola, sola de verdad. Yo la quería, con toda mi alma, pero no lo veía. No supo escapar. Cogió la cuchilla y como muchas veces antes, se dejó llevar.

«Porque también se puede matar a una persona a base de no saber quererla.»

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