Tal vez el secreto esté en su voz o en sus ojos que no me miran.

Se sucedió la tormenta más pequeña, apenas tuve frío, apenas temblé. Y creo que comprendí muchas cosas cuando descubrí que no estabas a mi lado. Fue una mezcla entre valor y miedo. Entre nostalgia y costumbre. Entre amor y odio. Entre si contigo pero no sin ti. 
- Hasta donde el corazón aguante, como piezas pegadas.- Dije
- Hasta que yo me vaya.-Dijo.
Creo que perdí la dignidad y todo el calor que tenía. Empalidecí y comencé a temblar. No de frío. Si no de dolor. De pena, de la angustia de saber que ya nunca jamás seríamos tú y yo. Cometimos tantos errores y nunca pasó nada, que llegué a creer que esto nunca tendría fin. Pero míranos, yo estaba allí, quieta, sintiendo tu ausencia y tu en un tren de camino a Madrid. Y te juro por tus ojos, mi cosa favorita en el mundo, que si pudiese volver a atrás cometería cada error, uno por uno, sin olvidarme ninguno. 
Nos llevó tanto tiempo darnos cuenta de que no eramos el uno para el otro que nos fuimos corrompiendo, como intentando hacernos uno pero sin encajar, como sin formar parte de lo mismo, y creo que eso ha sido la cosa más dolorosa que he experimentado en toda mi vida. Aguantaría tus miles de abandonos, tus mentiras o tus 'ya no te quiero', pero por nada del mundo volvería a volcarme en el suicidio de intentar que seamos uno, con besos taciturnos a la hora de dormir. 
Estamos enfermos, pero ni si quiera nos importa, creo que aún no te has dado cuenta del poder que tienes sobre mi y el cual ejerces a tu completa voluntad. He encontrado un nombre para ello y creo que aún que no sea exactamente lo que es, se parece, así que lo he llamado amor. 

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