Alberto II

Estaba tan bonito, sentado y callado. Miraba las horas pasar, respirando por la boca. Daba una corta calada y me miraba. De vez en cuando tosía. Y yo que me sentía como en la plena oscuridad, esperaba, quizá dijese algo a lo que aferrarme. Y esperé, allí sentada, junto a él, mientras él fumaba. 
De repente se levantó, apagó el cigarro y se fue.
- ¿Adonde coño vas? - grité mientras lloraba.
- ''Ya no puedo darte más, no soy más que lo que soy...'' - recitó.
- ¿Que ha donde coño vas? - lloré.
-  A por tabaco...
- Vuelve aquí y quiéreme, por favor. - rogué.
- Es que, ''ya no puedo darte más, no soy más que lo que soy...''
Estaba tan bonito a lo lejos, viéndole caminar. Chulería andante, encendiéndose un cigarro. Sabía que no volvería, pero aún así le dejé ir. 
De aquel día solo recuerdo que estaba tan bonito fumando...
Grite, pero no lo escuchó, o por lo menos no se giró. Hubiese dado todo porque volviese, dando caladas a un nuevo cigarro, pero no lo hizo.

«05/05» 

Ahora todo duele más.

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